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Ludopatía: un grave problema social
España, el país del mundo que más gasta por habitante en juego
El juego es una actividad normal en la vida de cualquier persona. Facilita el desarrollo físico, psicológico y social del niño y del adulto. Otro tipo de juego, bien diferente, es el juego de azar. En España millones de personas juegan, al menos una vez al mes, a un juego de azar, y cientos de miles de ellos tienen problemas graves de ludopatía.
Entro en un establecimiento de ocio, en la madrileña Puerta del Sol. Es lunes por la mañana y ya hay muchas personas jugando. Al fondo, una mujer sostiene en una mano un cigarrillo, en la otra una copa, quizá tenga alcohol o simplemente sea un refresco. Lleva una riñonera colgada de la cintura; está abierta y de ella saca monedas sin parar. Al otro lado hay un anciano; me acerco a él y le pregunto: « ¿Ha ganado mucho?» «No, hoy estoy perdiendo, pero después llegará la suerte y empezaré a ganar», me contesta. « ¿Por qué juega?», insisto. «Porque me entretengo, y algún día me tocará el mejor premio». También hay un grupo de jóvenes, más bien adolescentes, no pasan de los quince años. «¿No teníais que estar en el colegio?», les pregunto. «No hemos ido, no nos apetecía», me contesta uno que parece que manda en el grupo. Me acerco a hablar con la mujer pero no me contesta; parece hipnotizada con el ruido de la máquina. Entonces se acerca a mí el vigilante del establecimiento y me dice que me vaya: « ¿Por qué?», le pregunto. «Porque no está permitido distraer a los jugadores».
Un juego de azar es aquel en el que no podemos poner en marcha ninguna habilidad para controlar su resultado. Son las máquinas tragaperras, el bingo, las loterías, etc. Estos juegos acarrean muchos problemas a un gran porcentaje de las personas que los practican.
Por decreto
Los juegos de azar legalizados en España son: juegos de casinos, bingos, apuestas deportivas (quiniela de fútbol, quiniela hípica, apuestas en las carreras de galgos), loterías (Nacional, primitiva, bonoloto), cupones (cupón de la ONCE y cuponazo), máquinas recreativas y tragaperras, concursos con premios en la prensa…
La Lotería Nacional y el cupón de la ONCE surgieron hace muchos años, pero hasta 1977 no se legalizaron totalmente, con un decreto ley que afirma: El Gobierno considera la legalización del juego una medida adecuada para contribuir de forma destacada al impulso del sector turístico, cuyo peso es tan significativo e importante en el conjunto de la economía del país y cuya reactivación no admite espera. Junto a esta «razón» hay otras: una, la necesidad de recaudar más impuestos; la otra, la presión de las empresas relacionadas con el juego, al manejar grandes cantidades de dinero. La legalización se hizo de modo precipitado, incontrolado, y con pocos estudios sobre las graves consecuencias que en pocos años iba a provocar en muchos ciudadanos. A partir de aquí, se fueron legalizando otros juegos como el casino, el bingo, las máquinas tragaperras y nuevas loterías, hasta llegar al gran número de juegos de la actualidad. En pocos años se han extendido por todos los lugares, y a gentes de toda clase, profesión y condición les causa problemas que antes de su legalización no eran frecuentes. En medio, una gran falta de control público. En los últimos 20 o 30 años han empezado a aparecer los jugadores patológicos.
España es el país de la Unión Europea y del mundo que más dinero gasta por habitante en el juego. Anualmente, se juegan más de tres billones de pesetas. De éstos, las máquinas tragaperras, que , legalizadas en 1981, son las que más adictos tienen, reciben más de un billón.
Cifras escalofriantes
En España existen aproximadamente 450.000 jugadores patológicos adultos (representa el 1,5% de la población adulta). La mayoría acuden en busca de ayuda 10 ó 15 años después de ser ludópatas, en una fase de total desesperación. Además de este medio millón de ludópatas, hay otros 750.000 jugadores problemáticos, en riesgo de ser ludópatas. La crisis económica, el bajo coste de la apuesta, las posibilidades de obtener mucho dinero, y los valores sociales basados en el dinero son algunas de las causas de estas cifras tan escalofriantes. Además, en nuestro país el acceso a las máquinas es mucho más fácil que en muchos otros países de Europa. Podemos encontrarlas en bares, restaurantes y hoteles, mientras que en el resto de los países europeos están restringidas a lugares expresamente dedicados al juego, semejantes a nuestros casinos.
No existe un patrón social característico de ludópata. Los más castigados, dada su situación social, personal y económica, son las amas de casa, los parados, los jubilados y los que tienen empleos eventuales. Entre los adolescentes también es un problema muy grave. El crecimiento de las videoconsolas para los niños ha influido mucho. En España los estudios parciales existentes revelan que el porcentaje de ludópatas adolescentes es el doble del de los adultos. Los adolescentes tienen mucho tiempo libre; algunos poseen grandes cantidades de dinero que, irresponsablemente, les dan sus padres; y tienen mucha facilidad de acceso a los juegos. Entre el 2 y 3% de los adolescentes españoles tiene dependencia de las máquinas tragaperras.
Se considera que una persona es ludópata cuando su juego le acarrea problemas a nivel familiar, profesional y social. Su vida la organiza en torno al juego, dejando a un lado cualquier otro objetivo. Cuando juega, obtiene un gran placer, y cuando no lo hace se encuentra mal. Las pérdidas le llevan a jugar mayores cantidades de dinero, porque piensa que jugar es la única forma de recuperar lo perdido. Una característica peculiar es su creencia en la suerte. Está convencido de que está dotado de una suerte especial que los demás no poseen. Es un círculo vicioso: adquieren deudas y necesidad de dinero, creen que con el juego pueden recuperarse y van perdiendo más y más dinero. Cuando no pueden jugar, sufren el síndrome de abstinencia: trastornos psicosomáticos, del aparato digestivo y alteraciones del sueño, con mayor predominio en las mujeres que en los hombres.
Uno de los primeros problemas que sufre un ludópata es el familiar. Si es varón, su mujer inicialmente piensa que le engaña con otra. No se explica dónde mete el dinero que gana, y cuando descubre el problema, no lo entiende, y se siente deprimida. Cuando es la mujer, el hombre es menos tolerante; suele abandonarla o echarla de casa. Los hijos sufren graves consecuencias: es típico el caso de un padre de familia que, con un buen sueldo para vivir, se lo gasta en el juego y no puede atender las necesidades de sus hijos. Los niños se dan cuenta de que algo no va bien. Sus padres discuten y muchas veces llegan a la separación. Además, les sorprende el ambiente inestable: cuando el jugador gana, reciben grandes regalos, y en otras épocas pueden pasar incluso hambre. Esto se refleja en sus estudios y en su formación: reciben el mal ejemplo de sus padres: para ellos jugar con las máquinas es algo normal y, además, de adultos no sabrán organizar su propia economía.
La Asociación "Vida sin Juego" es un grupo de autoayuda de jugadores en rehabilitación. La fundaron en 1997 un grupo de ludópatas que querían solucionar su problema: «La ludopatía hace mucho daño a la sociedad. Es un reto día a día. Cada noche el ludópata tiene que decirse a sí mismo: Hoy no he jugado», afirma uno de sus miembros. Llevan a cabo una terapia de grupo para ayudar a las personas con problemas con el juego. Se reúnen en el Centro de Asociaciones de la Salud de Alcorcón C/ Timanfaya 15-23 (Metro Puerta del Sur). «En los grupos se viene a decir la verdad –afirma–. Lo más peligroso son las tragaperras. En un bingo puedes pedir que no te permitan entrar. En los bares siempre te dejan entrar.
Coro Marín
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