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ASOCIACIÓN "VIDA SIN JUEGO"


 
Inicio      FAQS 2) ¿La ludopatía tiene curación? ¿Existen medicamentos específicos para dejar de jugar?
 
La ludopatía es una enfermedad para toda la vida.
 
No tiene curación con medicamentos de ningún tipo.
 
A nadie le gusta creer que es distinto a sus semejantes. Por este motivo no es sorprendente que nuestra carrera de jugadores se haya caracterizado por innumerables intentos vanos para comprobar que podíamos jugar como otras personas. La idea que de alguna manera, algún día, vamos a controlar el juego es la gran obsesión de todo jugador compulsivo. La persistencia de esta ilusión es sorprendente. Muchos la persiguen hasta llegar a la cárcel, la locura o la muerte.

Con respecto al juego, la ilusión de que somos como otras personas o que eventualmente lo podamos ser, tiene que ser eliminada.

Hemos perdido la capacidad para controlar el juego. Los jugadores compulsivos hemos sentido, a veces, que estábamos recuperando el control, pero tales breves intervalos, eran inevitablemente seguidos por momentos de menos control aún, que conducían a la larga a una desmoralización tremenda. 
 
Estamos convencidos de que el juego compulsivo es una enfermedad progresiva. A través del tiempo empeoramos, nunca nos mejoramos.
 
Al ser una enfermedad mental, debería poder ser tratada por los psiquiatras y los psicólogos con terapias individuales y familiares, anti-depresivos, tranquilizantes, etc., pero nuestra experiencia de tantos años como asociación de ayuda a los jugadores nos dice que, en la mayoría de los casos, esto no sucede así.
 
La actuación de estos profesionales sirve de muy poco, o sólo de forma momentánea, si el paciente y sus acompañantes no acuden a alguna asociación de autoayuda y siguen a rajatabla las normas y consejos que allí les proporcionan. En sus reuniones comprobarán que su problema es más común de lo que imaginan y que casi todos los jugadores estamos cortados por un mismo patrón, por lo que al ser una terapia de espejo, pronto aprendemos a vivir con el problema, a rehacer nuestras vidas y a la vez mejorar las de los que conviven con nosotros.
 
Se aprende a vivir de nuevo y a ser una persona otra vez, pero con el "único inconveniente" de que ya no podremos jugar nunca más.