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ASOCIACIÓN "VIDA SIN JUEGO"


 
Inicio      FAQS - ¿Qué es el juego compulsivo? ¿Quién puede convertirse en un ludópata y porqué?

 
El juego compulsivo, también llamado ludopatía, juego patológico, ludomanía, etc.; es una alteración del comportamiento que consiste en perder el control de nuestros impulsos ante el juego o, de forma más sencilla, es un trastorno por el que nos volvemos adictos al juego.

Dentro de los tipos de juegos podemos distinguir entre aquellos que requieren una determinada habilidad, por ejemplo, jugar al fútbol, a la petanca, etc. y aquellos que denominamos juegos de azar, en los que el resultado no depende de las habilidades del sujeto, como jugar a la ruleta o al bingo.

Los juegos de azar que acarrean más problemas son los que llevan asociados una apuesta económica, como por ejemplo, los juegos en casinos, el bingo, las apuestas, jugar a las cartas, en las máquinas tragaperras, etc.
 
Por su etiología, por su curso, por su pronóstico y por las variables implicadas, el juego patológico o Ludopatía, es una enfermedad crónica.
 
Se contenga mejor o peor, el ludópata, fácilmente tendrá problemas con las apuestas, porque los aspectos motivacionales activarán memoria, vivencias, esquemas de acción y una estructura adictiva, aspectos que ya había desarrollado con el trastorno y que no puede borrar.

Que algunos juegos de apuestas tengan una capacidad tan exagerada de afectar a ciudadanos de todo tipo, sin discriminar en edad, sexo, nivel cultural, nivel económico, personalidad, clase social, estructura genética… facilita nuestra convicción respecto a su potencial adictivo para con las personas que apuesten habitualmente.

Por ejemplo, una temporada jugando más de dos o tres veces por semana a juegos como las tragaperras, bingos o casinos, supone alrededor del 98 % de las demandas de atención que hemos recibido los últimos 10 años.

Los expertos estiman que en España hay unos 450.000 jugadores patológicos, de los que unos 350.000 serían jugadores patológicos de máquinas tragaperras; y que existen unos 750.000 jugadores problema, que son aquellas personas que no reúnen todas las características para ser considerados jugadores patológicos, pero cuyas vidas se ven afectadas por el hecho de jugar.

¿Quién puede convertirse en un jugador patológico y por qué?

No podemos decir a ciencia cierta que si una persona posee determinadas características se convertirá en un ludópata. Pero sí existen algunas situaciones que hacen que una persona tenga mayores posibilidades de presentar este trastorno. Según esto, si se es joven (entre 18 y 30 años), hombre, con un nivel educativo bajo o medio y pocos ingresos económicos se tienen mayores posibilidades de caer en la ludopatía; aunque son los hombres de mediana edad, casados, con un nivel educativo medio-alto y bajos ingresos, los que más acuden a recibir tratamiento.

No se ha detectado que el número de casos sea mayor entre amas de casa, jubilados o parados; si bien estos casos son más conocidos a través de los medios de comunicación, dado que las repercusiones del juego son más graves para ellos y sus familias, porque disponen de menos recursos e ingresos.
 
Habitualmente el jugador se inicia en una situación social determinada, sea con amigos, familiares o compañeros de trabajo, se puede proponer apostar de manera puntual a la máquina, ir a celebrar un aniversario o cualquier evento festivo al bingo o al casino, seguir con un modelo de tradición familiar o social, jugando combinaciones de fechas a la lotería, por ejemplo.

Igualmente, es fácil que quienes a menudo entran en contacto, en los bares, con las tragaperras, se puedan iniciar solos en la dinámica de juego, ver como otros sacan el premio, intentar distraerse si están aburridos o haciendo tiempo para hacer otras actividades, sobretodo porque no interpretan que lo que hagan sea tan peligroso.

En un plazo de tiempo entre 2 meses y cinco años, estos jugadores que se inician en el juego pasarán a ser jugadores habituales en un porcentaje muy grande y poco estudiado, aún siendo pocos los premios que les hayan tocado, interpretando que no pierden mucho, o quizás que en el bar, bingo o casino, tienen un círculo de relaciones satisfactorias, entre otros razonamientos, mantendrán el convencimiento de que la situación de juego no se les escapa de las manos.

Sin embargo la actividad de apostar repetidamente pasará por ejemplo, de gastar en las tragaperras el cambio del desayuno, almuerzo, café o cerveza, a jugar, habitualmente en solitario, cambios de 10, 20 50 euros o más, extremo que nunca se hubieran permitido cuando jugaba ocasionalmente en las mismas tragaperras.

Este nivel de juego se puede mantener según cada caso particular más o menos a escondidas, pero supone una afectación directa en las relaciones afectivas y de confianza que comportará recurrir repetidamente al engaño, sea mintiendo o escondiendo la existencia del dinero con que juega.

Se da con facilidad que se mantiene la preocupación por no ser descubierto, el deseo o la necesidad de recuperar, de quitarle importancia al problema, de poder con la máquina, con otros jugadores o con los beneficiarios de la actividad, y el convencimiento de que puede controlarlo o dejarlo cuando quiera, con las mismas estrategias de cerrarse en sí mismo que lo han culpabilizado y avergonzado. Todo ello mantendrá al jugador en la estructura adictiva que ha ido desarrollando a nivel psicológico.

Todo el esfuerzo y la represión que pueda asumir en sus intentos por dejar de jugar, fácilmente acabarán en un intento de demostrarse a sí mismo que vuelve a controlar, a ser una persona “normal” y que el trastorno no tiene, justamente en esos momentos de recaída, la importancia que tenía anteriormente, porque ya hacía semanas, meses o años que no jugaba.

Con estas contradicciones volver a recaer es fácil y aparecen episodios donde a menudo aumenta la intensidad, en función de cómo intervienen otros factores, por ejemplo:

  • La disponibilidad de dinero del jugador y el control que existe a nivel familiar.
  • La intensidad con que se actualizan las ilusiones de control o la incapacidad para recuperar la conciencia en situaciones de recaída.
  • Los problemas cotidianos o eventos vitales que acentúen el aislamiento y la negación del problema, utilizando el juego como una manera de refugiarse o huir de los problemas.

Será más fácil que el jugador se descubra por insolvencia, acumulación de deudas, desesperación o a veces por casualidad, que no que pueda pensar y actuar de manera eficaz frente el trastorno e intente buscar una solución a su enfermedad...